El petróleo sigue siendo poder

30 noviembre, 2010 § Deja un comentario

La polémica originada durante este año 2010 a propósito de las exploraciones británicas en el fondo marino de Falklands Islands, tiene necesariamente varias dimensiones: una dimensión específicamente geoeconómica y una dimensión diplomática.

La dimensión  geoeconómica está dada por la presunción fundada de que en el lecho marino del Atlántico Sur y en las inmediaciones del archipiélago de las Falklands,  existan reservas considerables de petróleo y gas natural (aunque probablemente de menor calidad), lo que convierte a la zona en un espacio geoeconómico de interés dadas las limitadas reservas petroleras de Argentina y Gran Bretaña.

De acuerdo con  diversos estudios de expertos realizados desde los años setenta y ochenta del siglo xx, en las aguas aledañas a las  islas, en el Atlántico Sur, hay un enorme caudal de riqueza energética.  Según un estudio realizado en 1998 por la Geological  Society of London, el mar que rodea a las islas Falklands  podría contener el equivalente a unos 60.000 millones de barriles de  petróleo.

Para poner la relevancia de esa cifra potencial en un  contexto geoeconómico mayor, hay que compararla con las reservas actuales con  las que cuentan el Reino Unido y Argentina.  Los británicos disponen hoy en día unos 3.800  millones de barriles de petróleo mientras que Argentina  cuenta con unos 2.600 millones.

El interés por esos recursos ya había sido manifestado por ambos países, pero esta vez Gran Bretaña, respaldada por un conjunto de empresas inglesas de exploración, con experiencia en el Mar del Norte, da un paso adelante desde fines del 2007 y principios del 2008 y organiza sistemáticamente una campaña de exploración que permita establecer con mayor certeza las dimensiones de las reservas hasta hoy presuntas.

El involucramiento del gobierno británico en esta campaña de exploración es evidente: se creó en el archipiélago dee Falklands, una empresa destinada específicamente a este fin: la Oil & Gas Falklands Limited.  El proceso es entonces una fuerte alianza estratégica entre el Estado inglés y las empresas inglesas de exploración petrolera.

La dimensión diplomática del problema viene dado por el doble hecho que ambos Estados han solicitado a Naciones Unidas extender el alcance soberano de sus respectivos mares territoriales, a fin de cubrir las exploraciones petroleras y que el diferendo va camino de convertirse nuevamente en un tema álgido de la agenda multilateral latinoamericana, introduciendo un factor de cohesión pero también de diferencias entre los gobiernos sudamericanos según cual sea su relación  (de proximidad o lejanía) con  Gran Bretaña y Argentina.

En 2009 ambos países presentaron reclamos de extensión ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de las Naciones Unidas.

El reclamo argentino amplía en un 35% el límite  de los 4,8 millones de kilómetros cuadrados de lecho y subsuelo marinos  considerados por el país bajo su soberanía, e incluye las islas Malvinas  / Falklands, Georgia y Sandwich del Sur.  En tanto, el Reino Unido también presentó una  demanda por el lecho marino de esas islas.   La Comisión deberá verificar la información  presentada por todos los países antes de establecer los nuevos límites.

Al trasladarse el diferendo al plano diplomático multilateral y en cierto modo bilateral, se ponen en tensión las relaciones de cada uno de los Estados sudamericanos con Gran Bretaña y con Argentina respectivamente, resituando la política exterior de cada país y cada gobierno en una perspectiva geopolítica ya conocida.

Lejos están los tiempos sin embargo del “…o estás conmigo o estás contra mi…”, porque las realidades brutales del realismo político y sobre todo del realismo de los negocios y de la llamada diplomacia petrolera,  pesan mucho más fuerte hoy que los ruidosos  nacionalismos discursivos y las retóricas altisonantes.  Si no fuera así, nadie se explicaría qué hacen tantas empresas capitalistas invirtiendo y obteniendo millonarias ganancias en el más grande Estado comunista del planeta: la República Popular China.

Caben entonces algunas interrogantes.

¿Brasil apoyará a su aliado sudamericano o mantendrá Itamaraty un equilibrio inestable y benevolente con Gran Bretaña para no alterar su llegada al “primer mundo”?

¿El Mercosur alcanzará una dimensión más política frente al diferendo anglo-argentino?

¿Qué postura adoptará la diplomacia chilena, tradicionalmente cercana a Gran Bretaña, con los ojos puestos en los tratados de libre comercio con las potencias mundiales, ahora socia de la OCDE y asumida por un gobierno liberal de derecha, frente al gobierno centro-izquierdista argentino?

¿El Grupo de Río o la OEA, dos arenas multilaterales significativas de la región,  emitirán algo más que declaraciones públicas frente al diferendo?

BH Billiton, una de las grandes  corporaciones privadas involucradas en la exploración inglesa en el fondo marino de las Falklands, ¿no tiene también cuantiosas inversiones en Chile y en Argentina?

¿Qué pesará más en este nuevo escenario: la diplomacia petrolera o la diplomacia de las Cancillerías?

Tampoco puede quedar fuera de las opciones de análisis tomar en consideración que ambos Gobiernos (Gordon Brown y Cristina Fernandez asumieron en 2007),  sometidos a fuertes presiones ciudadanas derivadas de la crisis económica en curso y de su coincidente baja de popularidad ante la opinión pública, pudieran resaltar el tópico Malvinas/Falklands como un asunto de interés nacional susceptible de redituarles políticamente.

Manuel Luis Rodríguez U.

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